
Es fácil - y común - pensar en personas violentas cuando se habla de “héroes”. ¿Lo han notado? Con contadas excepciones, cada país moderno los tiene y glorifica: libertadores, conquistadores, generales, emperadores y honorables guerreros; la epítome de nuestros logros como especie, exaltada en la forma de estatuas que adornan nuestras plazas y palacios; el modelo a seguir de niños y jóvenes alrededor del mundo. Qué poco patriota es cuestionar su legado; qué indiscutiblemente justas sus guerras y batallas, luego de las decenas, cientos o miles de años que hemos tenido para reflexionar sobre ellas. Una pobre reflexión ha de ser, la verdad, la que al parecer no nos lleva a preguntarnos “¿para qué?” o “¿por qué?”. Si lo hiciésemos, quizá nos daríamos cuenta - como bien lo dijo Sagan - que toda esa matanza y derramamiento de sangre que glorificamos ocurrió solo para que los habitantes de un rinconcito de este pálido punto azul que flota en el infinito, pudieran declararse señores de algún otro rinconcito, habitado por seres casi indistinguibles.

Irónico, que una sociedad deplore la guerra, pero exalte el honor y el estatus del soldado.
Mientras tanto, los verdaderos héroes, esos hombres y mujeres que han llegado más lejos, intelectual o físicamente; los que han vencido a las adversidades para avanzar por caminos que nunca nadie ha recorrido antes, son apenas nombrados en las escuelas, como si de alguna trivia inútil - destinada a ser olvidada tan pronto pase la prueba - se tratara. Pitágoras, Copérnico, los Wright, Galileo, Marconi, Hershel, Curie, Franklin, Pasteur, Da Vinci, Newton, Hipatia, Ford, Kepler, Edison, Einstein, Aristóteles, Bose, Darwin, Hawkins; los verdaderos héroes de la humanidad, todos vistos por encima en alguna clase de “ciencias”, mientras se nos va la vida estudiando la victoria o derrota militar de algún tirano. ¿No deberían ser de estas personas las estatuas en nuestras plazas? ¿No deberíamos celebrar sus logros cada año mucho más que la conmemoración de la declaración de guerra de no-se-y-no-me-importa?

QUÉ DIFERENTE SERÍA TU VIDA SIN ESTE SENCILLO INVENTO
¿Por qué nos empeñamos en elegir un bando y adoptar a sus “héroes” cuando hay tanto heroísmo que trasciende a los colores de la bandera o de la piel? ¿No flota la Luna sobre todas nuestras cabezas sin importar en qué país hayamos nacido? ¿No hemos visto todos - en algún momento - ese disco plateado con admiración? La omnipresencia del satélite natural de La Tierra - así como del resto del universo que adorna nuestras noches - en todas nuestras diversas culturas nos brinda una oportunidad de unidad que no debemos desaprovechar. ¿Te das cuenta de que hay personas que han caminado - con base en mucho esfuerzo y riesgo - sobre ese disco plateado que brilla por las noches? ¿Alcanzas a concebir la magnitud de ese logro? Cuando veo a ese par de figuras caminando con un flote “antinatural” en la baja gravedad lunar, me llena del orgullo que tantas veces falló en provocarme la batalla de X o Y, en clases de historia.

LO SIENTO, BOLÍVAR, WASHINGTON, CHURCHILL, PERO SERÁ DE ESTO QUE LE HABLE A MIS NIETOS
Les digo, Neil Armstrong, Buzz Aldrin y los otros 10 hombres que han caminado sobre La Luna son mis héroes - deberían también ser los suyos - pues han causado que sienta admiración por nuestra especie cada vez que la veo brillar en el cielo. El universo nos llama a reconocer nuestro lugar en el mismo, y a que seamos todos héroes, a nuestra forma.
La especie humana ha pasado ya mucho tiempo luchando por la libertad de religión, es hora de luchar por ser libres de la religión.
Mi mención de Sagan en el último post me ha recordado lo mucho que me agrada esa manera tan poética que tenía de expresar el conocimiento sobre el universo. Esa visión tan grandiosa que nos presenta la ciencia moderna sobre nuestro pasado - y lo que posiblemente nos depara el futuro - logra recuperar la valorización de nuestra especie del secuestro de aquellos que la negarían en favor de cuentos de hada que nos someten al tirano celestial de turno; pero esta es una valorización bañada en humildad; que nos reconoce como parte del mundo natural, y no dueños del mismo. Una visión que resalta la necesidad de cuidar el mejor planeta del universo, al menos para nuestra especie: La Tierra; y de ser más amables y tolerantes unos con otros.
Como pueden ver, no soy el único que ha encontrado inspiración en estas palabras. De hecho, el año pasado estuve recopilando “The Sagan Series”, una serie de videos publicados por la NASA, que utilizan fragmentos de los libros de este gran autor, leídos por él mismo, en combinación con imágenes que dejan muy en claro la belleza y delicadeza de nuestro lugar en el universo. Acá les dejo los enlaces, vale la pena invertir unos minutos en ver cada uno:
Pronto recopilaré acá las nuevas entradas en The Sagan Series. Como lo es ver Cosmos - incluso hoy luego de tantos años - estos videos representan un viaje de la mano de Sagan por nuestro hogar cósmico y una de las expresiones más literales de lo que significa este blog: pararse sobre hombros de gigantes.

Habrán sido testigos los visitantes frecuentes de este blog - así como cualquier recién llegado que lance un vistazo a mis posts pasados -de que disfruto mucho hablar sobre la evolución. La idea de que como especie estemos en capacidad de rastrear nuestros orígenes hasta esa primera reacción química auto replicante en el océano primordial de La Tierra me parece absolutamente poética; provista de una grandeza, una hermosura y una elegancia que los mitos religiosos de creadores súper naturales tratan vanamente de alcanzar. Encuentro maravilloso nuestro parentesco comprobado con todas las otras plantas y animales del planeta, testigo de ese origen común hace 3500 millones de años, y eso sin siquiera tocar el tema de que los átomos que nos conforman - tanto a los seres vivos como a toda la materia inanimada del planeta - se “cocinaron” en el núcleo de estrellas como las que vemos brillar en el cielo nocturno. Bien lo dijo Sagan - que se nota en sus obras era en partes iguales poeta y científico - “somos polvo de estrellas; el universo que despierta y se conoce a si mismo”.

SE TE EXTRAÑA, AMIGO
Las deducciones extraíbles de estos hechos - de nuestra relación intrínseca al mundo natural - son en su mayoría motivadoras, inspiradoras y capaces de abrir mentalidades, sobre todo la de los jóvenes. Por eso considero tan importante trasmitir este conocimiento a los niños desde muy temprana edad. Sin embargo, debo admitir que algunas de las implicaciones de nuestra evolución guiada por necesidades naturales logran preocuparme en cierta medida, más que todo en lo referente a nuestras capacidades para continuar avanzando como especie. Aclaro de inmediato, antes de que un mal entendido los lleve, queridos lectores, a abandonar para siempre está página: no soy uno de esos pesimistas sin perspectiva ni ingenio que de seguro han oído diciendo cosas como “los seres humanos son una plaga” o “el planeta estaría mejor sin nosotros”, entre otras frases auto punitivas. Nada más lejos de la realidad. El nivel de consciencia que ha alcanzado la especie humana, más aún, algunos individuos específicos, no es nada menos que admirable; y precisamente esto último hago, con cada uno de nuestros logros. Nuestra civilización se ha desarrollado de una manera exponencial en los últimos siglos - y últimas décadas - y pienso que tenemos muy buenas probabilidades de salir adelante y superar los problemas que aún nos aquejan.

“QUISIERA SER UN DELFÍN ROSADO” <— Actitud no productiva
Mi preocupación no viene dada por nuestra capacidad para la sobrevivencia; esta la tenemos y las generaciones venideras tendrán mucha más, mientras sigamos transmitiendo el conocimiento. Más bien se trata del lugar en el que almacenamos ese conocimiento. La pregunta que me hago es la siguiente: ¿Tiene nuestro cerebro la capacidad para entender el universo, más aún, LOS universos? No me refiero a capacidad de procesamiento, sino a la estructura de sentidos-asociación lógica-conocimiento en la que se basan nuestras interpretaciones, así como las de cualquier otro ser vivo. No hablo de si podremos colonizar otros planetas, o viajar por la galaxia; para esto de seguro encontraremos la vía (si no nos extinguimos antes). Me refiero a la comprensión de aquellos elementos con los cuales ya se están topando las fronteras actuales de nuestro conocimiento científico: ¿qué hay dentro de un agujero negro? ¿cómo funciona la estructura del multiverso? ¿cuál es la explicación y razón del comportamiento de las partículas elementales? Estas preguntas, cuyas explicaciones deben trascender a los límites de nuestro universo (qué lejos hemos llegado) son las que realmente me asustan y emocionan. ¿Puede el cerebro humano siquiera contemplar las respuestas?

¿PUEDES IMAGINAR UNA FIGURA CUATRIDIMENSIONAL? ¿NO? AHORA ENTIENDES A QUÉ ME REFIERO
Veamos un ejemplo para aclarar más esta idea. Para una hormiga, el mundo - entiéndase, el universo - es mucho más limitado que para nosotros. Existe dentro de un marco muy bien definido por el alcance de su colonia. Puede que entienda que hay algo más allá de ese límite, pero que hasta allí debe llegar. Puede que no entienda ni siquiera esto último. Sin duda, como seres humanos, podemos ver esta limitación, pero entendemos por qué ella no es capaz de hacerlo. Nadie mentalmente sano trataría de explicárselo a una hormiga. Su nivel de entendimiento es tan inferior (permítanme el uso de esta palabra por un momento) que podemos - y lo hacemos - construirle una autopista de 10 canales al lado a su hábitat - su universo - y ésta no lo notaría. Quizá notaría un nuevo obstáculo en su camino, pero no podría ver la diferencia entre esa construcción - de origen debatiblemente artificial - y cualquier otra modificación natural de su entorno, como un nuevo pozo creado por la lluvia el día anterior. Algunos dirán, ¡pero las hormigas son insectos! Por supuesto que no entienden nada. Me permito recordarles: compartimos nuestro origen y una porción de ADN con las hormigas, pero admito que su evolución las ha llevado por un camino muy diferente. Tan diferente que la mayoría de los seres humanos no ve problema en matar a una hormiga. Su comprensión es tan poca que no sentimos obligaciones morales hacia ellas. Afortunadamente para ambas especies, coexistimos sin problemas la mayoría del tiempo.

NADIE QUIERE UN CONFLICTO INNECESARIO
El ser humano ha definido la inteligencia de manera arbitraria - pero predecible - como “la capacidad de hacer las cosas que hacen los humanos”, pero una comprensión de los mecanismos evolutivos que generan mejoras muy graduales nos revela que este no puede ser el caso. Que así como el espectro luminoso es mucho más amplio hacia la derecha y hacia la izquierda que lo que nuestros ojos pueden ver (la bien llamada luz visible), la inteligencia, la capacidad para comprender el entorno, de seguro también comprende muchos niveles, y nada nos indica que el humano se encuentre en el extremo superior del universo. Nos gusta pensar que es así, y lo manifestamos en nuestra ciencia ficción. En películas como La Guerra de Las Galaxias, los aliens, aunque puedan ser muy listos y tener tecnología mucho más avanzada, pocas veces llegan al nivel en el que superan nuestra capacidad para entender su existencia, como nosotros con respecto a la hormiga. Ni siquiera tenemos que irnos al nivel de la hormiga, recurso que ya he explotado suficiente. La especie con una mayor capacidad para entender el entorno después del hombre (y quizás el delfín) es nuestro primo más cercano: el chimpancé. Solo nos separa el 1% de nuestro material genético. Si alguien estuviera clasificando especies basado solo en ese hecho, puede que nos pusiera en la misma carpeta.

LAS SIMILITUDES SON OBVIAS
La deducción lógica es que ese 1% de diferencia contiene todo lo que nosotros somos y el chimpancé no es. Contiene nuestro lenguaje, nuestra agricultura, nuestra ingeniería. Desde la rueda hasta el telescopio espacial Hubble: la diferencia entre lanzarnos excremento los unos a los otros y construir naves espaciales está resumida en ese 1%. Considerando esto, pensemos en nuestra relación con los chimpancés… ¡No la hay! Más allá de entrenarlos para que comprendan las tareas que consideramos más básicas, y sorprendernos cuando efectivamente lo logran, no podemos comunicarnos con ellos. Ese 1% es suficiente para que esta criatura no entienda nada de lo que para nosotros resulta natural. Qué fuerza tan poderosa es la evolución, y está actuando en cada planeta en el cuál haya surgido la vida, en cada galaxia del universo, quizá en cada universo capaz de soportar vida. Es por esto que no me cuesta imaginar seres - con los cuales no compartiremos nada de ADN, dicho sea de paso - que hayan evolucionado a un nivel de comprensión del universo que no nos podemos ni imaginar, literalmente. Que entiendan de manera intuitiva el funcionamiento de las partículas, que comprendan a la perfección, y sin tanto esfuerzo, el interior de la singularidad de un agujero negro, pues su predisposición biológica esté orientada a esta comprensión. Temo que estos seres nos construyan una autopista de 10 canales interdimensionales al lado y no seamos capaces ni de darnos cuenta de su existencia, y que les resultemos tan “inferiores” que no tengan obligaciones morales para con nuestro hormiguero.

LA VERDAD ESTÁ AHÍ AFUERA… DE TU UNIVERSO
Claro, estoy consciente de que una cosa es imaginar y otra dedicar tiempo y recursos a la persecución de estas ideas sin la más mínima base evidente. De hacerlo estaría cayendo en el ámbito de la pseudo-ciencia, cuyo único objetivo parece ser desviar la atención de la ciencia real, demostrablemente útil. La verdad innegable es que si la vida puede alcanzar otros niveles de existencia, como los que aquí describo, la única manera de descubrirlo y continuar avanzando, de ser posible, es seguir estudiando lo que vemos y aprendiendo para que - como hemos hecho siempre - podamos superar nuestras limitaciones biológicas con ciencia, tecnología, lógica y razón. Es entonces que pierdo el miedo; después de todo, solo podemos saber sin un límite es tal, intentando superarlo continuamente.
Los veo allá.

La imagen que ven arriba es parte de mi documentación gráfica de una reciente visita que hice a un museo costarricense. Muestra la historia de la creación que era tradición entre las tribus talamanqueñas de centro américa en épocas pre-hispánicas. Sin duda, mis sofisticados lectores lo reconocerán como lo que es: un mito sin base ni relación con la manera real en la que funciona nuestro mundo; lo que uno esperaría de una cultura científicamente primitiva. El tipo de cosa que nos pudiese parecer inconcebible como explicación de nuestro origen, de no ser porque desafortunadamente sabemos por experiencias actuales que - para muchos - este no es el caso. La gente es capaz de creer lo que sea si se le repite lo suficiente, sobretodo si se hace desde su infancia, sin importar qué tanta imaginación se requiera para reconciliar lo que ven con lo que les han contado. Después de todo, imaginar respuestas cuando no sabemos la razón de algún fenómeno es parte importante de lo que nos hace humanos, y es incluso la base de la ciencia, dada la formulación de hipótesis que - apoyándose en evidencia - puedan convertirse en una teoría aceptable sobre la manera en la que funciona el universo. En este sentido, la ciencia no es más que la aplicación de la lógica al proceso de imaginar, de manera que el resultado pueda ser de alguna utilidad práctica; una forma de hacer preguntas y plantear respuestas, garantizando que estas últimas tengan sentido.
Es en este último aspecto que los mitos fallan más espectacularmente, pues siempre terminan en una pregunta que no solo no tiene respuesta, sino que realmente no puede ser respondida, lo cual es igual a no dar ninguna respuesta en lo absoluto. Sibo (en la imagen), Jehová, Allah - en fin, “el dios creador” - siempre ha existido y no debemos preguntarnos sobre su origen o naturaleza porque “no estamos en capacidad de comprenderla”. Pero, ¿no hace lo mismo la ciencia? Quizá se estén preguntando, y la respuesta clara y concisa es: no. La ciencia plantea respuestas que sin duda generan en muchos casos más preguntas - es esta la naturaleza del universo - pero nunca al punto en que se detiene el discurso y la investigación científica. Si, el big bang fue a todas luces el inicio de nuestro universo, pero nadie se conforma con esta respuesta: actualmente seguimos investigando para deducir qué lo causó. La ciencia no acepta un “no sé” - y mucho menos un “no se puede saber” - como respuesta y no hay temas “tabúes” que no puedan ser investigados de una forma u otra. Tratemos de aplicar esa misma lógica a los distintos mitos creacionistas y veamos qué tan satisfactorios resultan bajo un cuestionamiento crítico. Con cada mito, nos plantearemos las siguientes preguntas:
Simple, pero suficiente, ya lo verán. Pido disculpas de antemano pues reutilizaré muchas respuestas:
Mitología griega

La mitología griega es una de las más conocidas debido a que se utiliza mucho en los medios de entretenimiento en nuestra cultura occidental. La mayoría sabe de Zeus y sus rayos y Poseidón y su tridente. Lo que suelen desestimar es el hecho de que, por siglos, estas historias fueron la “hipótesis” más aceptada sobre el origen del mundo y las reglas de la naturaleza. Según los griegos antiguos, primero estaba el caos primordial, de donde emergieron las divinidades iniciales, incluyendo a Gaia (la madre tierra). Gaia creó a Urano (el cielo) para cubrirse. Juntos tuvieron muchos descendientes, algunos dioses otros monstruos como los Hecatónquiros de 50 cabezas y 100 manos, y los cíclopes que luego forjarían los rayos de Zeus.
Los dioses fueron conocidos como los titanes, 6 hijos y 6 hijas. Urano, a quien no le gustaron sus hijos por alguna razón, los encerró en el Tártaro (algo como el infierno judeo-cristiano). Obviamente alterada, Gaia hizo una hoz enorme y se la dio a su hijo menor, Crono, con la instrucción de que la próxima vez que Urano se apareciera para….. Hacerlo…. Con Gaia, Crono saltara y le cortara los genitales a su padre (WTF). Donde cayó la sangre de Urano luego de la ejecución del plan, emergieron gigantes y furias; de la espuma de mar que salpicó cuando cayeron los testículos, salió la diosa Afrodita. Luego Crono tuvo la siguiente generación de dioses: Zeus y los habitantes del Olimpo. Esta última tampoco resultó una familia feliz.
Mitología Nórdica

Otra mitología relativamente conocida, sobretodo por fanáticos del heavy metal. En esta tenemos una tierra incandescente llamada Muspell, resguardada por Surt y su espada de fuego. También existía Ginnungadap, un gran vacío; y Niflheim, una tierra cubierta de hielo. Un buen día el frío de Niflheim tocó los fuegos de Muspell, y de la mezcla emergieron el gigante Ymir y la vaca (gigante) Auohumla. Luego, la vaca lamió una piedra hasta crear al dios Bor y su esposa. La pareja dio luz a Buri, quien tuvo a su vez tres hijos, Odin, Vili y Ve. Estos se revelaron - por supuesto - y mataron a Ymir. De la piel del caído crearon la tierra, de sus huesos las montañas, de sus cabellos los árboles y ríos, de su sangre los mares y lagos. Con su cráneo - para no desperdiciar nada - los dioses crearon el cielo estrellado (WTF).
Mitología japonesa

Los dioses crearon a dos hermanos divinos, Izanagi (el hombre) e Izanami (la mujer), los cuales, parados sobre un puente flotante en el océano primordial, usaron una lanza con joyas de los dioses para crear la primera isla Onogoro. Sobre Onogoro, Izanagi e Izanami se casaron, pero sus hijos salieron con malformaciones. Los dioses les informaron luego que se había debido a que no había seguido bien el protocolo en la boda porque Izanami - la mujer - había hablado primero. (¡Impensable!)
Luego de corregir el ritual, la pareja produjo las islas de Japón y más deidades. Sin embargo, al dar a luz a Kagutsuchi-no-kami, el dios de fuego, Izanami murió. Izanagi la siguió traumatizado hasta Yomi, la tierra de los muertos, pero Izanami, que ya había ingerido la comida de Yomi, no podía volver. De paso, cuando Izanagi vio el cuerpo semi-descompuesto de Izanami, se aterrorizó y se fue. Ella no tomó bien este rechazo y lo persiguió enfurecida con otras mujeres horribles mientras este le tiraba los zapatos para distraerla (WTF). Cuando alcanzó la entrada de la caverna de Yomi, la bloqueó con una piedra separando para siempre la vida de la muerte.
Mitología judeo-cristiana

Llegamos al favorito de los occidentales actuales: el popular génesis. En este primer libro del torah judío y la biblia cristiana está contenido el origen del mundo tal y como es aceptado por la fe judía, la cristiana y la islámica. Al principio un dios, para este momento sin nombre, crea el cielo y la tierra y no mucho después crea la luz. En seis días más, ha creado plantas, el sol, la luna, los animales y todas las criaturas, incluyendo a los humanos. A todos les dice “¡multiplíquense!”, lo cual hacen. En el séptimo día, el dios descansa observando su trabajo. Pero hubo un problema. Cuando este dios creó al primer hombre, Adán, de la tierra, le dio un hermoso jardín llamado “Edén” advirtiéndole que no debía comer del “Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal” (el cual… el mismo plantó allí) (WTF). Adán le puso nombre a los animales pero aún se sentía solito así que el dios le sacó una costilla y la convirtió en la primera mujer: Eva. Luego de esto, una serpiente que hablaba convenció a Eva de comer de la fruta prohibida, y ésta a su vez convenció al buen Adán de hacer lo mismo. Cuando el dios se enteró (tenía la omnisciencia sin batería) los expulsó del jardín y los castigo con una vida limitada por la muerte, el dolor del parto, las enfermedades y otras cosas no placenteras; a ellos y a todos sus descendientes, a quienes ama de todo corazón.
Mitología Hindú

La cosmología hindú contiene en sí muchos mitos de creación cuya importancia ha crecido y decrecido con los siglos. El más antiguo habla de un ser gigante - Purusha - que posee mil cabezas, ojos y pies, que se extendía sobre la tierra, cubriéndola por completo. Cuando los dioses sacrificaron a Purusha, su cuerpo produjo una manteca clara que produjo aves y animales. Las partes de su cuerpo se convirtieron en los elementos, y en los dioses Agni, Vayu e Indra. De paso, las 4 castas de la sociedad hindú también surgieron de su cuerpo: los curas, guerreros, la población general y los sirvientes. (la religión es útil para mantener el status quo).
En otro momento histórico, la trinidad de Brahma (el creador), Vishnu (el preservador) y Shiva (el destructor) ganó prominencia. Brahma apareció en una flor de loto del ombligo de Vishnu (WTF). Brahma creó el universo, el cual dura por uno de sus días, o 4320 millones de años. Entonces Shiva destruye el universo y el ciclo se reinicia.
¿Qué les ha parecido este pequeño resumen? Hay muchas más como éstas de las que podría hablar, pero ya se ha extendido este post de sobremanera. Estas historias, aunque interesantes como revelaciones sobre la manera de pensar de los pueblos primitivos (porque son primitivos aunque algunos en la actualidad lo nieguen en ciertos casos), podemos ver claramente, no representan ningún avance para el conocimiento humano. Serían inofensivas de no ser porque algunas de estas se enseñan a los niños en miles de millones de hogares y templos alrededor del mundo como si se tratara de la verdad. Esto mientras, irónicamente, historias muy parecidas son presentadas como obvia ficción en el cine y la televisión.

UNA DE ESTAS ES UNA HISTORIA ESTÚPIDA DE VIOLENCIA SIN SENTIDO, LA OTRA ES THOR
Los religiosos dicen que los ateos también somos fanáticos, como si esto justificara su actitud ante estos mitos. Enfrentado con esa afirmación, mi respuesta se reduce a:
Si, amigos religiosos, soy fanático de la realidad.