
Como buen amante de la ciencia que soy, me confieso un geek irredimible del sci-fi en todas sus expresiones. Lo escribo, lo leo, le veo y lo juego en cada oportunidad que se me presenta, analizando siempre con emoción las factibilidades e imposibilidades de lo que se afirma. En este ámbito, admito que no soy demasiado crítico - como si los son muchos otros en la comunidad científica - al momento de evaluar la veracidad de los acontecimientos presentados. Pienso que la ciencia ficción cumple un rol importantísimo atrayendo a la juventud hacia las carreras científicas, y poco importa desde este punto de vista qué tan acertadas o no puedan ser las aventuras que los intrépidos protagonistas viven. Por supuesto, no hace daño y es deseable que se mantenga una cierta coherencia con lo que sabemos del universo, pero algo de fantasía no es tan mala cuando de entretenimiento se trata.

¿LUZ SOLIDIFICADA? ¡DEVUÉLVANME MI DINERO!
Por otra parte, aunque como dije, no descarto la ciencia ficción que estira la realidad para adaptarla a la historia que se quiere contar; en lo personal, encuentro que disfruto mucho más de las obras de sci-fi en la medida en la que éstas hacen lo contrario: adaptar la historia contada al contexto del universo real. Por supuesto, esto implica restricciones importantes en cuanto al ritmo de la narrativa, o la construcción de alternativas novedosas para la solución de los problemas típicos del género; pero es en este tipo de historias, con ese tipo de autores, que podemos ver manifestadas las ideas que podrían hacerse realidad - al menos en parte - en un futuro, y por ello, las que más disparan la imaginación.

FUCK KINECT. EN SERIO
Hay un factor, sin embargo, que influye aún más en mi disfrute de las historias de ciencia ficción, y es uno que quizá no hayan considerado: el optimismo. Con esto no me refiero a que prefiero personajes rosa o historias que no presenten ningún reto, drama o terror; nada más lejos de la realidad. El drama de la experiencia consciente es absolutamente esencial en cualquier narrativa, no solo en sci-fi. Lo que interpreto como futurismo optimista es la creación – por parte del autor – de un futuro en el que podamos desear vivir, al que queramos transportarnos porque, aunque no sea perfecto, muestra un grado de evolución de la sociedad, tecnológica y culturalmente, que pueda resultar satisfactorio tomando en cuenta el camino ya recorrido de nuestra especie. El género humano ha avanzado a pasos agigantados (¿ven lo que hice ahí?) en los últimos siglos, una vez semi-liberados del oscurantismo cristiano, y aunque aún estamos en pañales en la escala espacial, y son muchos los peligros que nos acechan desde afuera y desde adentro, quiero pensar que saldremos adelante como especie, como siempre lo hemos hecho. En ese sentido, por favor cuando me hablen del futuro, no me lo pinten así:
BIENVENIDOS AL ¡MUNDO DEL MAÑANA!
Es comprensible el por qué las historias apocalípticas y de desesperanza son tan populares con el público en general. Después de todo, está en nuestra naturaleza prestarles mucha atención a las malas noticias (la evolución seleccionó a los individuos que se fijaban más en las cosas que parecían amenazantes); pero, ¿no es mejor imaginar un futuro interesante? ¿Uno en el que la tecnología esté aún más integrada a nuestras vidas y la especie haya encontrado un lugar entre las estrellas? Puede que la culpa sea de “Volver al futuro”, pero no concibo que el futuro comparta escenografía con una historia de vaqueros en la que el principal protagonista es el desierto. Este pensamiento se traslada a nuestro mundo real. Con demasiada frecuencia veo a personas hablar sobre cómo “todo tiempo pasado fue mejor” o “vamos de mal en peor”. A lo que respondo: “claro, antes no había CNN”.
Si nos fijamos un poco en el detalle, en lugar de gritar alarmados cada vez que vemos una noticia mala – a diferencia de lo que los religiosos/deseosos del regreso de su amigo imaginario les harán creer – el mundo está mejor de lo que nunca ha estado. Nada más en los últimos 50 años ha disminuido la pobreza más de lo que lo hizo en los previos 500 años. El último siglo nos vio reducir la mortalidad infantil en 90%, y duplicar la esperanza promedio de vida. Sin duda, aún hay muchos problemas graves que resolver, y esta estadística no es de mucha ayuda para quien aún hoy muere de hambre, pero es bueno que tengamos un poco de perspectiva. Hoy en día, el ser humano promedio tiene mejor acceso a bienes y servicios, transporte, información, educación, medicina, comunicación, derechos humanos, instituciones democráticas, refugios, calorías, empleo, energía, etc., que todos sus antepasados…juntos. Es por esta tendencia que me parece que el futuro más realista que se puede presentar, por más fantasiosa que pueda parecer la tecnología utilizada en él, no es un desierto con escasos sobrevivientes matándose por comida, sino algo más parecido a esto:

AHORA SI ESTAMOS HABLANDO…
Poco tiene más potencial de enamorar a los jóvenes de la ciencia que las emocionantes aventuras del sci-fi, y a medida que se actualizan los medios narrativos tendremos cada vez más posibilidades de exponerlos a estas fascinantes visiones. Para poner un ejemplo, en este momento me encuentro hasta el cuello en Mass Effect, una franquicia de videojuegos y novelas (próximamente lo verán en el cine) cuya próximo producto podremos experimentar en marzo. En preparación, al repasar un poco esta historia – narrada en el año 2185 –me encontré con un jefe militar que grita a sus reclutas las siguientes líneas:
“Jefe: Esto, reclutas, es un proyectil de 20 kilos, sientan el peso. Cada 5 segundos, el arma principal de un acorazado clase Everest acelera uno a 1.3% de la velocidad de la luz, El impacto tiene la fuerza de una bomba de 38 kilotones. Eso es 3 veces el peso del destructor que se soltó sobre Hiroshima en La Tierra. ¡Eso significa que Sir Isaac Newton es el hijo de perra más peligroso del espacio! Ahora, Cadete Burnside, ¿cuál es la primera ley de Newton?
Burnside: ¡Señor! ¡Un objeto en movimiento se mantiene en movimiento, señor!
Jefe: ¡No hay créditos por respuestas parciales, gusanos!
Burnside: ¡Señor! ¡A menos que lo impida una fuerza externa, señor!
Jefe: ¡Así mismo! Me atrevo a asumir que ustedes idiotas ignorantes saben que el espacio está vacío. Una vez disparen este trozo de metal, seguirá avanzando hasta que le pegue a algo. Eso puede ser una nave, o el planeta detrás de esa nave. Podría perderse en el espacio profundo y golpear a alguien en 10.000 años. Si halan el gatillo con uno de estos le están arruinando el día a alguien, en algún sitio, en algún lugar. Por eso verificamos nuestros objetivos. Por eso esperamos que la computadora nos de una solución de disparo. Por eso, cadete Chung, ¡no disparamos “al ojo”! ¡Esta es un arma de destrucción masiva! ¡No eres un vaquero disparando desde la cintura!”
HERMOSO…
Esto, como podrán imaginar, es una manera de explicar las leyes de Newton que no encontrarán en ningún libro de texto o salón de clase. Admitido, el lenguaje de este ejemplo específico quizá no sea el más adecuado para niños, pero ustedes entienden lo que quiero decir. En mi generación tuvimos Star Wars, Star Trek, Blade Runner y Back to The Future – sin contar series documentales como Cosmos del gran Carl Sagan – Personalmente, no puedo esperar a ver los universos que se pueden construir con las nuevas tecnologías, y los sueños que inspirarán en la generación que apenas comienza.
P.D.: Jueguen Mass Effect….. De nada.